sábado, 21 de julio de 2012

Día de los Derechos Humanos en la provincia de Jujuy

La fecha fue establecida con motivo de recordarse la Noche del Apagón. Aquella noche, en medio de la clandestinidad, secuestraron a cerca de 400 personas, 30 continúan desaparecidas.

El 20 de julio de 1976 se montó un gran operativo en las ciudades de El Talar, Calilegua y Libertador Gral. San Martín, que incluyó cortes de energía eléctrica en todo el territorio.

Aquella noche, en medio de la clandestinidad, secuestraron a cerca de 400 personas, en su mayoría sindicalistas, maestros rurales, obreros y estudiantes. Fueron llevadas al Centro Clandestino de Detención de Guerrero, donde sufrieron torturas, y alrededor de 30 de ellas aun continúan desaparecidas.

Este es un año distinto para los derechos humanos en Jujuy, la apertura y el progreso de las causas judiciales en contra de los responsables de crímenes de lesa humanidad nos permite albergar la esperanza de consolidar un la memoria, la verdad y la justicia como consignas que guíen el proceso hacia una sociedad más digna.  

Por este motivo, la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia hizo llegar su acompañamiento en este día a las víctimas, familiares y ex-presos políticos de la última dictadura militar argentina.

Vargas el penal de Ezeiza ¿?

Vargas al penal de Ezeiza, la jugada menos esperada

Trasladar al ex militar Antonio Vargas a un penal que cuenta con un centro de salud de alta complejidad y puede estar aislado, si bien pudo haber sido una de las medidas más justas que dispuso el Tribunal, dejó disconforme  a las partes que intervienen en el proceso judicial.

Vargas sería llevado este mismo fin de semana a su nuevo destino de detención, razón por la cual el proceso continuará con un acusado menos, que ahora deberá seguir las alternativas del juicio por video conferencia.

Para la querella y la defensa, “la decisión de los magistrados imposibilitaría que el procesado presencie el juicio y rinda cuenta de sus actos en esta ciudad”. A pesar que Vargas estará en un lugar donde existe un centro de salud de alta complejidad, los abogados defensores, no están muy contentos  porque pretendían que vuelva a su casa, en la provincia de Córdoba,  donde cumplía arresto domicilio.

Las organizaciones sociales y de derechos humanos tampoco se mostraron del todo conformes, porque también ellos buscaban que esté en Jujuy durante todo el proceso y reciba condena aquí y no en otro lugar.

miércoles, 18 de julio de 2012

Declararon los hermanos de Álvarez García

Guillermo y Normando Álvarez García fueron los primeros en prestar declaración en la cuarta audiencia del juicio a represores que se realiza en Jujuy. Braga fue nuevamente nombrado como partícipe del secuestro.

Se desarrolló hoy la cuarta audiencia de los juicios de lesa humanidad en el Tribunal Oral Federal de Jujuy, donde se ventila la causa Álvarez García en primera instancia, por la que está imputado Mariano Rafael Braga.
La recepción de testimoniales fue lo principal de la jornada. Para hoy están previstas las declaraciones de seis testigos: Joaquín Salas, Miguel Ángel Maidana, Miguel Ángel Salazar, Luis María Almeida y Guillermo y Normando Álvarez García (ambos hermanos del desaparecido Julio Ricardo Álvarez García). Además hubo otros cinco testigos que no fueron ubicados y otros cuatro que ya han fallecido.

La audiencia prevista para las 9 comenzó media hora más tarde con el informe de Secretaría, acerca de algunos testigos que no pudieron ser localizados y otros que ya han fallecido.

Antes de la recepción de las testimoniales, el abogado Matías Gutiérrez Perea, defensor de Antonio Vargas,  pidió una nueva pericia médica para verificar el estado de salud actual de su defendido, quien continúa internado en el Hospital San Roque de esta ciudad. Además, se solicitó también que Vargas sea trasladado a una clínica privada.

En tanto, el abogado defensor de José Eduardo Bulgheroni, Dr. Carlos Rodríguez Vega no se presentó a la audiencia con anuencia del Tribunal, por lo que el Dr. Horacio Vittellini (defensor de Braga) asumió como co-defensor de Bulgheroni en la audiencia de hoy.

A las 09.45 inició la declaratoria del primer testigo, Guillermo Héctor Álvarez García (hermano de Julio), quien comentó al Tribunal que vivió “una lucha interna” durante todos estos años, tratando de olvidar lo sucedido por el dolor que le significaban esos recuerdos, pero al mismo tiempo quería recordar todo para el día en que pudiera declarar en juicio.

Normando Miguel Álvarez García, otro de los hermanos del desaparecido, fue el segundo testigo en prestar declaración. De sus dichos salió nuevamente el nombre de Braga como responsable del secuestro de Julio Álvarez García. Normando comentó que en el momento en que se llevaron a su hermano, ninguno de los familiares sabían quién era Braga, pero que después, al comentar cómo sucedieron los hechos a un tío suyo, Ulises Orellana (cuñado de Álvarez García padre), y de la descripción física que se hizo de uno de los hombres que participó en el secuestro, Orellana dijo que se trataba de Braga. A las pocas horas de esto, Orellana también fue secuestrado.

El tercero en declarar fue Miguel Ángel Maidana, amigo íntimo de la familia Álvarez García, quien esa tarde fue a cenar con ellos. Al llegar a la casa de los padres de Julio, en el barrio Ciudad de Nieva, los militares se encontraban allí e impidieron que Maidana ingresara a la casa, por lo que se fue a la plaza que está enfrente del domicilio. Desde allí, Maidana vio cómo se llevaron a su amigo y dio detalles de la situación.

lunes, 16 de julio de 2012

Escrache a Blaquier y quejas del Ingenio Ledesma

LEDESMA INICIARA ACCIONES LEGALES PORQUE SE SEñALIZO LA COMPLICIDAD DE LA EMPRESA CON LA DICTADURA
A Blaquier le molesta verse en un cartel

La semana pasada, la Secretaría de Derechos Humanos y el gobierno jujeño impulsaron la instalación de carteles marcando lugares en los que la empresa azucarera colaboró con la represión ilegal. Pedro Blaquier, citado por la Justicia, contraatacó.

 Por Alejandra Dandan

El Ingenio Ledesma parece estar inquieto. Mientras gota a gota, van apareciendo nuevas pruebas de lo que los sobrevivientes y ex detenidos políticos denuncian desde hace 36 años como la relación entre la compañía de Pedro Blaquier y los ejecutores del terrorismo de Estado, el empresario acaba de anunciar que iniciará acciones legales para exigir que saquen los carteles del frente del Ingenio, que señalan el lugar como uno de los espacios donde se cometieron crímenes de lesa humanidad. “Recurriremos a la Justicia para que el cartel sea removido”, indica el comunicado de la empresa ubicado en el portal oficial. “Ya que se trata de un prejuzgamiento explícito en una causa judicial que investiga hechos del año 1976, de los que somos totalmente inocentes.” El cartel tiene ya algunas señales de daño (ver imagen).

La política de señalización de espacios que estuvieron ligados a los crímenes del terrorismo de Estado avanza en todo el país, en ocasiones antes de que esos mismos lugares sean señalados con sentencias judiciales. Como sucedió hace años con los escraches, los organismos de derechos humanos, los ex detenidos y las políticas del Ejecutivo van instalando marcas que empiezan a funcionar en los distintos territorios como espacios de memoria, e impulsan a la vez procesos de reconocimiento social. El miércoles pasado eso sucedió en el departamento General San Martín de Jujuy. En el cruce de la Ruta 34, ante la frontera que marca el comienzo del polo industrial y la entrada al barrio de los poderosos directivos del ingenio, la Secretaría de Derechos Humanos de Nación y distintas áreas del Ejecutivo provincial instalaron un letrero de las mismas características que el que se colocó en la planta de Ford en marzo de este año.

Con muchísimo cuidado, el cartel da cuenta de lo que sostienen los testimonios que están en el Archivo Nacional de la Memoria –continuación de la Conadep–, dice Judith Said, encargada del archivo. En ese sentido, bajo el nombre de la empresa y la definición de “Aquí se cometieron crímenes de lesa humanidad”, el letrero recoge una descripción de los hechos que durante años vinieron denunciado los ex detenidos sobrevivientes y las familias de los desaparecidos. “En este departamento de Ledesma, previo al golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976 y con mayor intensidad desde esa fecha –dice al comienzo–, las fuerzas armadas y de seguridad detuvieron ilegalmente a obreros, ex trabajadores y delegados sindicales que reclamaban por sus derechos laborales ante la empresa Ledesma, así como a sus familiares, militantes políticos y sociales.”

Los carteles se replicaron en otros tres espacios del mismo departamento. Lugares por donde pasaron los secuestrados: la comisaría de Calilegua y la sede de la comisaría y la Gendarmería que están aún ubicadas adentro del barrio de la empresa, a metros de la llamada La Rosadita, la mansión de los Blaquier, a la que los lugareños reconocen como el espacio desde donde él mismo intentó emular las condiciones estéticas del poder.

Los carteles que llevan los logos de los organismos del Estado que trabajaron en la instalación ahora son motivo de críticas de parte de la empresa, que emitió un comunicado este último domingo.

“El 11 de julio pasado, organizaciones de DD.HH., con el apoyo de las secretarías de DD.HH. de la Nación y de la provincia de Jujuy, instalaron un cartel ilegal frente a la planta de producción de Ledesma S.A.A.I., ubicada en Libertador General San Martín (Jujuy), que pretende vincular a la empresa con el terrorismo de Estado ejercido durante la década del ’70”, indica. “Manifestamos nuestro más enérgico repudio a esta acción ilegal, que vulnera nuestros más elementales derechos.” Y luego de hablar del repudio, explicaron que “no existe una sola sentencia judicial contra Ledesma S. A. ni contra ningún empleado o directivo de Ledesma en ninguna causa de derechos humanos, mucho menos por la falsa acusación contenida en ese cartel”.

El comunicado continúa. No hace ninguna mención a la intrincada trama judicial que impidió durante años avanzar con la causa. No explica por qué, por ejemplo, uno de sus abogados fue antes juez federal de las causas que tenían a Blaquier entre los principales denunciados, en el boca a boca que durante años sostuvieron las víctimas y sus familiares. Habla, en cambio, de “este ataque a Ledesma” y a la “moral de sus empleados y directivos”. Menciona nuevamente las “agresiones de las que fue víctima” en las últimas semanas, en un escenario que refuerza la lógica de la victimización. Y agrega: “En este contexto de agresiones permanentes a sus derechos, Ledesma S. A. ratifica una vez más que nunca prestó camionetas a la dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983, ni colaboró con ese gobierno de facto de modo alguno. Ledesma es una empresa argentina agroindustrial con más de cien años de vida. Emplea a casi 8000 personas y lidera los mercados del azúcar y papel para impresión, y el de cuadernos y repuestos escolares”.

Blaquier, en este momento, tiene dos frentes judiciales abiertos en la provincia, por las causas de lesa humanidad. Por un lado, la indagatoria todavía pendiente por las víctimas de la Noche del Apagón y la causa en la que está el ex intendente de General San Martín, Luis Arédez. Por otro, y casi sin quererlo, su nombre empieza a aparecer en el contraplano del primer juicio oral que empezó la semana pasada. Si bien allí no está entre los imputados, las testimoniales que vayan reconstruyendo el universo y las pruebas de las víctimas podrían ponerlo en escena. El viernes pasado, de hecho, empezó a suceder. En ese caso, el nombre de la empresa apareció en la declaración indagatoria de un imputado Mariano Braga, ex teniente, integrante de las patotas de secuestro. Aunque dijo que él era inocente de todo, Braga dio un dato del que la fiscalía tomó nota. “Una vez tuve un incidente con una camioneta de Ledesma que trasladaba a gendarmes”, dijo. Y explicó que su auto casi choca con un vehículo del ingenio de Pedro Blaquier. La camioneta, según contó, se dirigía al penal de Villa Gorriti, un dato que para la fiscalía y las querellas refuerza la hipótesis del vínculo entre la empresa y los ejecutores del terrorismo de Estado.

Desde el pueblo de Ledesma, en tanto, siguen llegando noticias. Los carteles todavía están en pie. Sin embargo, el más grande de todos, y más simbólico, aquel que está en el ingreso del Polo industrial, éste por el que está enojado Blaquier, amaneció en los últimos días con algunos agujeros. Para algunos las huellas de posibles piedrazos.
Los testimonios siguen aún en la feria

En una señal destinada a todo el Poder Judicial de la provincia de Jujuy, esta semana y la próxima continuarán las audiencias del primer juicio oral de lesa humanidad pese a la feria judicial. Miércoles, jueves y viernes declararán varios testigos a través de una video conferencia desde la sede del Consejo de la Magistratura en Buenos Aires. El primer testigo será Juan Martín, un ex integrante de la Juventud Universitaria Peronista y Montoneros que estuvo detenido ilegalmente en un centro clandestino de Tucumán antes de exiliarse. Martín es uno de los testigos convocados en la causa de Julio “Pampero” Alvarez García, una de las 43 víctimas del juicio, detenido en febrero de 1976 en Tucumán y luego liberado y vuelto a secuestrar en agosto de ese año en Jujuy, desde cuando continúa desaparecido.

La decisión de continuar con las testimoniales pese a la feria no es un dato menor. Está basada en el retraso histórico que tuvo el desarrollo de este juicio en Jujuy y la búsqueda de encontrar un conjuro para acelerarlo. El tribunal está integrado por René Casas en ejercicio de la presidencia, Mario Juárez Almaráz y Daniel Morín, de Jujuy, Salta y Buenos Aires, respectivamente. Morín y la cuarta jueza (suplente), Fátima Ruiz López, fueron designados desde la Cámara de Casación de Buenos Aires.

El testimonio de Juan Martín es esperado por las querellas. Inés Peña, la compañera de Julio “Pampero” Alvarez García, es una de las que lo está esperando hace tiempo. Inés declaró el sábado pasado, identificó al represor Mario Rafael Braga como la persona que encañonó a su suegro el 21 de agosto de 1976 entrando a la casa para llevarse a su esposo. Braga la estaba escuchando. “Sentí presión pero por las actitudes de él, de su mujer y el abogado defensor –dice Inés–, porque estábamos al lado y nos sentíamos mirados.”

Palabras que reconstruyen la verdad

La tercera jornada del juicio confirmó la participación de braga en la desaparición de Julio Álvarez García y la del ejército en centros clandestinos de detención de la provincia.

Jujuy al día® – La tercera jornada de audiencias del primer juicio por delitos de lesa humanidad en Jujuy contó con declaraciones que detallaron la participación de Braga en el secuestro y desaparición de Julio Rolando Álvarez García, además de datos que suman a dar cuenta del entramado que conformaron las instituciones de defensa y seguridad del Estado y la colaboración de sectores civiles.

Declararon Inés Peña, compañera del joven desaparecido Álvarez García y Marcos Medina, también testigo del secuestro. Luis Alberto Morales, quien fuera chofer del coronel Bulacio, confirmó haber visto a Álvarez García en Tucumán y, aunque entre varios “no recuerdo”, declaró haber visto a personas detenidas y vendadas en el RIM 20.

La declaración de Inés sobre el secuestro de su compañero Pampero

Tras el ingreso de los imputados Mariano Rafael Braga y José Eduardo Bulgheroni y la aclaración sobre cuestiones que advirtieron los médicos que el día viernes observaron a los imputados, el Tribunal resolvió incorporar por lectura la indagatoria de Bulgheroni y se dio entonces paso a la sala a la Sra. Inés Irene Peña, testigo clave en la causa que tiene como víctima a su compañero Julio Rolando “Pampero” Álvarez García e imputa a Braga por los delitos por violación de domicilio y privación ilegitima de la libertad en calidad de coautor y homicidio agravado por alevosía en calidad de partícipe necesario.

La declaración de Inés Peña se extendió por dos horas y media, e inició dando cuenta de lo significativo que para ella resulta el hecho de poder declarar en la instancia de este juicio oral y público, expresando que fueron muchos años de búsqueda de su compañero y de impunidad que intentó silenciar esa búsqueda. Este momento histórico, valoró, nos permite a la sociedad tener en la sala del juicio a los perpetradores de secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones, remarcando que los acusados tienen hoy garantías y defensa, posibilidad que no les dieron a jóvenes como su esposo que secuestraron en aquellos años. Peña, destacando que ese plan para callar a las personas y al país quiso luego callar y borrar además de los rostros de quienes desaparecieron  también los de quienes lucharon luego por la verdad, la justicia y la memoria, narró sobre el clima político y de compromiso social que como jóvenes ella y su marido vivían en Tucumán para febrero de 1976, todavía en el gobierno de Isabel Martínez de Perón, y año en que Julio Álvarez García fue secuestrado por primera vez en lo que se nombró “operativo Independencia”. Para ese entonces su compañero, que militaba en la JUP (Juventud Universitaria Peronista), ya era parte de Montoneros. Fueron 35 días de un peregrinar si respuestas tras los que Inés Peña se reencontró a su marido con 35 kilos menos y signos evidentes de tortura. En Jujuy, adonde se mudaron tras ese primer secuestro, se daría el segundo, y el que marcaría la desaparición de su compañero.

Inés Peña, en una declaración fuertemente cargada de datos de la memoria dolorosos pero también de una entereza admirable, relató el 21 de agosto de 1976 en que su marido fue secuestrado en circunstancias en que se hallaba junto a ella, sus hijas y otros familiares en la casa de los padres de Álvarez García, en el barrio Ciudad de Nieva de esta ciudad. Describiendo tal momento, la esposa de Pampero narró cómo al día de hoy puede identificar a Mariano Rafael Braga como quien irrumpió al mando del operativo en su hogar y se llevó a su marido la última vez que lo vio con vida. La identificación fue ratificada al momento de las preguntas del abogado querellante Antenor Ferreyra, e incluso reforzada tras una pregunta desde el Tribunal que inquirió sobre si Inés Peña podía lograr tal identificación aunque la seña particular de la cicatriz que se recuerda en el rostro no fuera la mayor referencia, a lo que la titular de Madres y familiares de detenidos desaparecidos de Jujuy respondió que sí.

La esposa de Álvarez García, que en ese entonces se encontraba embarazada de 5 meses y junto a sus dos hijas pequeñas, narró cómo, en esas circunstancias de una situación que calificó como indigna, ese día Braga ingresó violentamente y encañonando a su suegro le pidió al mismo que entregara a su hijo. Tras esto, contó Inés, Julio Rolando Álvarez García salió al encuentro de las personas armadas y vestidas de civil que dirigía Braga, quien se lo llevó.

A la declaración de Inés Peña se suman también en la causa las del padre y de la madre de Julio Rolando Álvarez García, ambos fallecidos, que declararon también confirmando la irrupción en su domicilio de Ciudad de Nieva y el posterior secuestro perpetrado su hijo por parte de Braga.

Otro dato mencionado que corrobora la identidad de Braga como autor de los hechos que se relataron fue la confirmación, el mismo día del secuestro, de que la persona responsable era Braga, por parte de Ulises Orellana, quien confirma esto por el rasgo particular de la cicatriz en el rostro del entonces oficial de inteligencia y porque su esposa, familiar de los Álvarez García también lo corrobora como funcionaria del denominado “Proceso de Reorganización Nacional”.

Peña remarcó las huellas imborrables que las situaciones de secuestro dejaron en ella y en su familia, destacando que su marido era un joven de 26 años y que por pensar un proyecto político le fue negada la vida, y a sus hijas les fue negada la posibilidad de crecer con su padre.

También, refirió a las oportunidades en las que Braga intentó comunicarse y disuadir la búsqueda de justicia por la desaparición de su compañero, como las sucesivas cartas que recibió del represor e incluso de la esposa de éste. Otra mención fue para las circunstancias más cercanas, sobre todo en 2005 en el marco de los juicios por la verdad, en las que ella fue amenazada y amedrentada a través de sustracciones de su auto, de material que había recopilado a través de tantos años, o cartas anónimas que denuncian el cuerpo represivo y los cómplices civiles, entre otras.

Como conclusión, Inés Peña expresó que seguramente en su declaración se olvidaba de algunas cosas, aunque estaba segura de que no se olvidaba del hombre que aquel último día que vio a su joven esposo entró a su casa y se lo llevó, el ex teniente Mariano Rafael Braga. Lo sucedido, señaló, no fueron excesos, sino un plan criminal, y hoy las 30 mil víctimas desaparecidas interpelan para que sigamos reclamando justicia por eso.

Las preguntas de la querella indagaron sobre fechas de los secuestros y estadía tanto en Tucumán como en Jujuy, y también en qué caminos se siguieron para la búsqueda de su esposo tras el secuestro en agosto del 77. Peña respondió aportando datos de una entrevista que solicitó la madre de Álvarez García con el coronel Bulacio en el RIM 20, donde la madre vio a Braga, de la modalidad de irrupción en su hogar (donde los agentes no se identificaron ni tenían uniformes ni exhibieron órdenes de arresto n allanamiento), de la falta de respuestas a los innumerables habeas corpus colectivos que presentaban junto a otros familiares. También, dio cuenta de cómo por expresiones del comisario Cafaggi conoció que su marido probablemente había sido trasladado a Tucumán.

La declaración de Inés terminó con un aplauso extendido de la mayoría de las personas presentes en la sala del Tribunal Oral Federal. Los carteles con rostros de Julio Alvarez García no dejaron de mostrarse hacia el banquillo de los acusados. Braga levantó su bufanda cada vez que nombraron su cicatriz, y Bulgheroni no dejó de esconderse tras una columna de la pared. Pero en la sala todos pudieron ver los rostros de estos represores y se les hizo escuchar voces que intentaron silenciar.

Marcos Medina también aportó con sus recuerdos

Pasado el cuarto intermedio tras la declaración de Inés peña, los integrantes del Tribunal llamaron a prestar declaración al segundo testigo en la causa en la que se investiga la desaparición de Julio Álvarez García, detenido-desaparecido el 21 de agosto de 1976.

Fue el turno de Miguel Marcos Medina, quien a requisitoria de la querella relató aspectos de la relación que lo unía con la familia Álvarez García y brindó detalles de lo que le tocó presenciar el día en el que secuestraron a “Pampero” Álvarez García. Ene se sentido, afirmó que fue un operativo del que participaron  varias personas, armadas y bien organizadas.

Quebrado por la emoción, Medina contó que el día del secuestro de “Pampero”, había concurrido a almorzar a la casa  Horacio y Gladys Álvarez García en Ciudad de Nieva, y que ya al momento de dirigirse a la casa, se dio cuenta que un auto lo seguía, aunque igual avanzaron porque doña Gladys esperaba la reunión de todos para servir la mesa, recordó. En medio de ese contexto familiar se produjo el allanamiento, describió contando que golpearon la puerta varios hombres de civil que estaban distribuidos en lugares cercanos a la vivienda, en la calle y en la plaza.

Aseguró Medina que todo parecía muy bien planeado, ya que a él lo obligaron a quedarse sentado y quieto en un banco de la plaza cuando intentó salir en su Fiat 600 a avisar a un pariente lo que estaba sucediendo.

Posteriormente recordó que la hija menor salió de la casa y se refugió en sus brazos. Finalmente, narró, sacaron a “Pampero” y lo llevaron unos metros en donde los esperaban unos autos, lo subieron y se fueron.

Relató también que con Guillermo, el hermano de Pampero, intentaron seguir los autos pero los perdieron. Cuando volvió a la casa, recordó, la familia ya había decidido hacer la denuncia en la comisaria 5ta porque ya sabían que el Teniente Braga era el que estuvo al frente del secuestro.

Así, Medina sumó, superando toda la movilización emocional que le provocó la instancia de recordar tal momento en estas instancias del juicio, a la reconstrucción de la verdad, reconstrucción necesaria para poder construirnos como una sociedad que respeta sus propias bases de justicia.

Un relato contradictorio y evasivo, pero que confirma parte de lo denunciado

La última declaración de la jornada fue la de Luis Alberto Morales, quien en sus palabras se identificó como un “soldado” designado para ser chofer del entonces coronel Bulacio, a quien denominó el “mandamás”. Con varias respuestas reducidas a un “no recuerdo”, Morales dio cuenta sin embargo de movimientos de Bulacio entre lugares de las localidades de Guerrero, Famaillá, Tucumán, entre otras. En esos lugares, detalló Morales, siempre había personal del ejército, cuestión que también refuerza las imputaciones.

Como datos significativos, Morales también declaró que vio a Julio Rolando Álvarez García en un lugar de Tucumán que no identificó con nombre sino espacialmente, expresando que se encontraba en una avenida con palmeras en Tucumán. Que allí vio a Pampero, pero no brindó mayores detalles de cómo se encontraba, aunque definió que se lo notaba “abatido”.

La falta de precisión con respecto a las fechas de los eventos que mencionaba también se extendió al dato que brindó sobre que en una estadía en Tucumán también había visto la foto de Álvarez García en Famaillá (centro clandestino de detención  que se conoce como “la escuelita) señalada con un círculo rojo, que, recordó, le dijeron significaba que esa persona estaba marcada para su exterminio.

Otro dato sumamente importante que aportó en su declaración quien fuera chofer de Bulacio fue que en el RIM 20 vio a través de una mirilla a personas sentadas contra la pared de una habitación con los ojos vendados, lo que confirmaría que el RIM20 sirvió como lugar de detención ilegal. Sobre ese lugar, también detalló el lugar de la oficina de Bulacio y  evitó dar cuenta de qué personas transitaban el Regimiento en ese entonces.

Consultado sobre si sabía qué sucedía en Guerrero, el testigo respondió que se notaba que allí había gente detenida pero que ellos (los soldados) no sabían nada de lo que hacían los superiores.

La declaración de Morales fue seguida con atención y agudizó la tensión en la sala cada vez que se esperaban datos precisos de quien fue testigo tan cercano de los movimientos de Carlos Néstor Bulacio, datos que en su mayoría evitó brindar, aunque igualmente se deslizaron varios e importantes en su declaración.

29 Marcha del Apagón - Jueves 26 de julio


domingo, 15 de julio de 2012

Braga involucro a Ledesma y Vargas hizo un pacto de silencio

La segunda audiencia por los crímenes de lesa humanidad se abrió con las indagatorias y se escucharon al teniente Rafael Mariano Braga y al ex interventor del Servicio Penitenciario Antonio Orlando Vargas por videoconferencia desde el hospital San Roque. En tanto que José Eduardo Bulgheroni se abstuvo de declarar

La causa que abrió el debate fue la de Julio Rolando Álvarez García. El TOF abrió el proceso judicial con la indagatoria a Braga que se extendió por más de siete horas con cuartos intermedios, por la salud del imputado. Braga “cara cortada” como fue identificado por la familia Álvarez García rechazo todas las imputaciones.

“Lamento, el tema que aqueja a la señora Inés Peña de Álvarez  García a su madre, y  a sus hijas que están presentes. Ante la situación dijo: soy un soldado y vengo a dar la cara, es un acto cobarde buscar escusas para sustraerse a la justicia”, así se presento Braga ante el Tribunal, la fiscalía, la querella y la defensa.

“No lo detuve a Álvarez García, estuve en Buenos Aires de licencia” fue la negativa categórica de Braga al ser consultado sobre la detención del desaparecido Álvarez García.

Relato su viaje a Buenos Aires en 1976 durante el 13 al 23 de agosto, justificando la fecha con la desaparición de Álvarez García.

En otra parte de su testimonio repudio los procedimientos ilegales considerándose una víctima del proceso, así también destacó que no realizo ningún operativo de detención, solo se ocupo del control de rutas.

Afirmo que llego a  Jujuy en 1975 donde se desempeño en el RIM 20 y en el GAM 5, que era el Area 323 del Ejercito cuya jefatura estaba instalada en el RIM 20.

Ante las preguntas de la fiscalía sobre cuando tomo conocimiento de la desaparición de Alvarez García, dijo el teniente que fue en 1999, y se considero víctima del Proceso de Reorganización Nacional y repudio los procedimientos ilegales que se pueden haber realizado, relato.

Considero que tanto Inés Peña como su familia han hecho relaciones equivocadas entre una persona que tiene una cicatriz y el teniente Braga. Y relato varias situaciones tras la acusación, ya que no ascendió en su carrera militar por la negativa en el Senado y luego pidió su baja. Antes de ello, describió los intentos de acercamiento con la familia Alvarez Garcia, dijo que hasta hablo y fue intermediario el Dr. Raul Alfonsín presidente de la Nación en ese momento, relato el imputado.

En su extensa exposición resalto que su actividad como teniente estuvo al servicio del Coronel Roberto Bulacio, y describió que su tarea fue administrativa, detallo el seguimiento de un “fichero”, donde volcaba la información de las planillas que llegaban del juzgado federal con datos de detenidos por el PEN.

Argumentó que el Coronel Bulacio le exigía que llevara ese control actualizado, y por el cual atendía a familiares que solicitaban información sobre los detenidos.

Contó que la fila de familiares se realizaba en una galería, donde ubicaban uno cada un metro de distancia, sin que tengan dialogo. Alli el Coronel atendía  a los familiares, donde colocaba una mesa ,una silla, una máquina de escribir y un teléfono. Recordó que vio a Bulacio ordenar al juez federal Meyer, escribir en esa máquina. Destacando así el poder que tenia. El Coronel Bulacio:era dueño de vidas y asciendas”. El coronel atendía a familiares martes y jueves, después solo los jueves y finalmente dejo de atenderlos.

La cajita de madera  contenía alrededor de 150 fichas de detenidos, y dijo que no estaba la ficha de Alvarez García, y que tampoco la familia había pedido audiencia para hablar con el Coronel.

En varias oportunidades resalto el mal carácter y su mala relación con el coronel Bulacio. En cuanto a la atención de Bulacio a los requerimientos de información de los familiares, dijo  que era muy grosero, burlón y no les respetaba su dolor.

En cuanto a la actividad durante su estadía en Jujuy fue la confección de fichas, relato que trabajaba junto a los oficiales Armando Ruiz (Policia de la provincia) y Ortíz (servicio Penitenciario).

En las listas  figuraban los detenidos en el servicio penitenciario de Villa Gorriti, otros de la Policía de la Provincia o del Escuadrón 21 de Gendarmería Nacional (La Quiaca) y recordó que hubo traslados a la Unidad 9 La Plata y las mujeres a Villa Devoto.

Remarcó que nunca vio un detenido en el RIM 20 ni en el GAM 5. Ya que nunca había visto gente del ejército haciendo detenciones, y que solo la policía de la provincia las hacia, y negó conocer centros clandestinos de detención.

Importante aporte de Braga

El teniente Braga en otro tramo de su declaración siempre en el contexto histórico de 1976 hizo un importante aporte a las causas ya que relato que en una ocasión casi choca de frente a una camioneta de la empresa Ledesma, que identifico y además iba cargada de gendarmes y el conductor era un civil. Recordó que fue increpado por los ocupantes y al identificarse la camioneta pego la vuelta. El marco de la situación fue en la ruta 4 al salir del GAM 5,  dando por sentado que se dirigían camino a Guerrero y Braga estaba convencido que Guerrero era un depósito de armamento.

El teniente Braga dijo haber compartido con Bulgheroni un tiempo en Córdoba; pero en Jujuy no se cruzaron.

En cuanto a Juan Carlos Jones Tamayo dijo que era una institución para Jujuy en el GAM 5, lo destaco como un gran especialista de inteligencia, ya que en ese momento histórico hacia trabajos en Tucumán y en Ledesma ya que decían que se estaba conformando un foco subversivo.

La extensa declaración de Braga se extendió por mas de siete horas con cuartos intermedios, por la salud del imputado. Se lo vio tocer seguido y en unos de los cuartos intermedios pidió un tiempo para hacerse “un disparo”, una dosis de algún broncodilatador quizás refirió su expresión. Se lo noto muy  locuaz  y sus respuestas extensas haciendo ver su gran adoctrinamiento militar.

En reiteradas oportunidades resaltó que iba a contestar todas las preguntas para colaborar con la justicia. También en su exposición hizo notar su gran memoria en recordar fechas y nombres, lugares.

Braga sorprendió en la sala cuando puso a disposición una “caja de recuerdos”, con los boletos del viaje que realizo a Buenos Aires en colectivo, también una libreta de calificaciones de 1º grado, entre otros recuerdos.

El oficial Orlando Vargas


Por video conferencia junto a su defensa prestó declaración Orlando Vargas, quien estuvo asistido por el servicio médico. Vale recordar que Vargas en 1976 fue interventor del Servicio Penitenciario de Villa Gorriti.

El imputado en su declaración que fue muy improlija y contradictoria solo reconoció su actividad como director del penal de presos comunes en donde se ocupaba de hacer funcionar los elementos productivos: carpintería, herrería, la granja  etc. Dijo desconocer la situación de los presos del PEN dentro del Penal, en reiteradas oportunidades dijo que solo Gendarmería se ocupaba de ellos.

Sin embargo en otro momento de su declaración admitió que un grupo de mujeres detenidas por el PEN fueron atendidas por las celadoras a cargo del Servicio Penitenciario. En una parte de su declaración dijo que logro que Olga Demitropulos se contactara con sus familiares.

Reconoció que el ingreso y egreso de los presos estaba a cargo del Coronel Bulacio, y también lo califico de “tirano” por su mal trato constante.

Menciono también que el capellán del penal era Monseñor Medina y que jueces provinciales visitaban al os presos políticos.

Cuando se refirió a la administración de la aliemtnacion a los presos del PEN dijo  que “en vez de tirar los pollos que criaban en la granja y que no podían comerciarse se los cocinaban”

Antes de finalizar dijo “me considero un ser humano con cualidades que más de uno quisiera tener”.